Por: Marta Muñoz Fernández
Directora Comunicación de Fedit

Hay dos hechos de interés que han acontecido en la pasada semana en lo que concierne a la Innovación que me rodea. Por un lado, se ha aprobado después de dos años de tramitación parlamentaria la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. La sola inclusión de la última  palabra en el título de esta norma legal ya es un triunfo, en un país como el nuestro al que le cuesta tanto aceptar que sólo apoyando a nuestras empresas podremos conseguir mejoras económicas a medio y largo plazo que revertirán sin duda alguna en beneficios para la sociedad. Pero este avance, que lo es, se queda en un gesto cuando su contenido no refleja como debiera el papel de la investigación aplicada. Esto es lo que indican las voces autorizadas del sector, que la Ley se ha quedado corta y que el papel de la empresa como uno de los principales agentes que intervienen en el sistema de ciencia y tecnología español no se ha visto lo suficientemente reflejado. El tiempo dirá si se ha vuelto a perder la oportunidad de afrontar la Innovación con todas sus letras, sus consecuencias, de una forma global y comprometida. El problema es que no parece que quede mucho (tiempo) y que vamos a contrarreloj en la carrera hacia la mejora de nuestra competitividad.

El segundo acontecimiento que marcó mi pasada semana laboral (preveo que ésta que comienza también), ha condicionado entre otras cosas la redacción de esta entrada en el recién inaugurado Blog ComunicaInnova: la preparación de proyectos para presentar a la convocatoria 2011 del Programa de Cultura Científica y de la Innovación de Fecyt, que cumple plazo en unos días. La experiencia de anteriores convocatorias me ha enseñado algunas lecciones sobre la forma de presentarlos, si bien opino que si el contenido es bueno, el envoltorio puede ayudar pero nada más. O eso debiera ser. El caso es que llevo ya unos cuantos días dando vueltas a las mejores fórmulas, las más originales e innovadoras (permitidme) que puedan encajar para comunicar la Innovación a la sociedad. Pero creedme que no es fácil. No es fácil intentar convencer al organismo estatal de divulgación científica en este país que con las acciones que propones pretendes contribuir a crear cultura de la innovación y que ésta se consigue trasladando a la sociedad, de la forma más original e innovadora (volved a permitidme), las aplicaciones tecnológicas que nuestras empresas han conseguido implantar gracias a la inversión que han realizado en I+D+I. Es decir, transmitir a la opinión pública informaciones sobre los desarrollos tecnológicos e investigaciones aplicadas a procesos de producción, productos finales, etc. Aplicaciones que se realizan con un objetivo principal, el de generar negocio. Ganar dinero. Crear riqueza. Y mucho me temo que es aquí donde radica el principal escollo que tenemos que tener en cuenta a la hora de presentar propuestas para comunicar la Innovación. Porque pudiera ser que confundiésemos la divulgación con el marketing y pudiese parecer que queremos financiación para “vender” productos específicos. Creo que este es un tema de profundo debate y análisis, que lanzo aquí pero sin duda trataré en futuras ocasiones. ¿Cuándo la divulgación de la Innovación es Marketing? Si necesitamos Innovación ¿hay que aplaudir todas las iniciativas que contribuyan a su difusión, persigan o no generar negocio?  ¿Dónde se encuentra la barrera entre ambos conceptos? ¿Existe tal análisis también en la divulgación de la ciencia como resultado de investigación básica? Preguntas que desde aquí os animo a que me ayudéis a responder.