– El nuevo etiquetado, que se incorporará a los contenedores de plástico destinados para el transporte de mercancías, permitirá realizar un seguimiento preciso de la mercancía en tiempo real y evitará posibles pérdidas o robos, entre otras ventajas.

El Instituto Tecnológico del Plástico, AIMPLAS, está inmerso en un proyecto pionero, Etic-Auto, junto al Instituto Tecnológico AIDIMA, que tiene como objetivo implantar un novedoso sistema de etiquetado inteligente, RFID, en los contenedores de plástico utilizados para el transporte de mercancías en el sector de la automoción, que  permitirá una gran capacidad de almacenamiento de información, la cual podrá ser trasmitida a grandes distancias y ser recuperada de una forma muy sencilla, mediante lectores especiales.
Actualmente, en el sector de automoción el coste de los contenedores de plástico, que se utilizan para el transporte de piezas y componentes, es uno de los mayores gastos ocultos dentro de la cadena de suministro, por este motivo, minimizar sus costes y realizar un óptimo seguimiento y gestión es de vital importancia para las empresas del sector.
En un futuro próximo esta novedosa tecnología sustituirá a los actuales códigos de barras como sistemas de identificación.
El proyecto, financiado con 385.000 por la Conselleria d’ Indústria, Comerç i Innovació  dentro del programa de ayudas para la financiación de acciones estratégicas de diversificación industrial, está previsto que finalice en Diciembre de 2010. El objetivo es ofrecer a las pymes del sector de componentes para automoción de la Comunidad Valenciana, la I+D que necesitan para mantener la trazabilidad a sus productos. El Consorcio está formado por AIMPLAS, AIDIMA y las empresas CRIIMPLA, FAURECIA, HANDLING UND LAGER, INSTANT LINK, GEOGRAFICA y NEXT POINT SOLUTIONS. El proyecto cuenta con el apoyo de REDITA y la multinacional del automóvil FORD.
“Desde el Instituto realizamos continuamente proyectos en I+D para impulsar a las empresas nacionales del sector de automoción, sector muy globalizado y altamente competitivo, y evitar así la deslocalización de la industria auxiliar de la automoción”, afirma José Antonio Costa Mocholí, director gerente de AIMPLAS.
Estas etiquetas, basadas en tecnología de identificación por radiofrecuencia, RFID, compuestas por un microchip con memoria y una antena, permitirán resolver de forma sencilla problemas actuales con los que se encuentran las empresas de automoción, como son: la pérdida de información y la poca fiabilidad de la misma, el elevado coste en tareas de identificación, verificación e inventario e incompatibilidad entre sistemas de codificación.
Para solventarlos, este nuevo sistema dispone de una gran capacidad de almacenamiento de datos y permite modificar y añadir información, pudiendo acceder a ella a larga distancia y sin gran visibilidad, independientemente de la existencia de suciedad, polvo, etc. Además, permite la lectura de varias etiquetas de forma simultánea, de tal manera que se simplifica la realización de recuentos e inventarios sin necesidad de acceder a la información una a una. Entre otras ventajas, son etiquetas de alta durabilidad, inmunes a desgastes, e infalsificables, ya que su número de serio es invariable, grabado en fábrica y único en todo el mundo.
Asimismo, al incorporar la nueva tarjeta inteligente a los contenedores permitirá realizar un seguimiento exhaustivo de la mercancía en tiempo real, analizando los plazos de entrega, retrasos, etc.; y se evitarán posibles pérdidas o robos, uno de los principales problemas que nos han transmitido las empresas proveedoras. Igualmente, permitirá facturar a los clientes con mayor precisión, ya que se almacena un registro exacto de los productos y mercancías.
Actualmente, en España los fabricantes de componentes y equipos para automoción suponen una industria fuerte y competitiva a nivel mundial. En 2008 el sector fabricante de vehículos en España facturó más de 38.000 millones de euros, de los cuales un 14.1% pertenece a la Comunidad Valenciana.
Durante el primer semestre de 2008 las exportaciones supusieron un valor de 2.500 millones de euros, principalmente a Europa.