Por: Marta Muñoz
Directora de Comunicación de Fedit

Ha costado bastantes años pero son ya numerosas las organizaciones y empresas que han incorporado en sus organigramas un departamento o área de Comunicación, o al menos, han agregado esta disciplina a su gestión a través del asesoramiento especializado vía agencia externa. Y no tan numeroso pero sí cada vez más frecuente está siendo el dotar a las instituciones de profesionales de la Comunicación independientemente del sector al que se dediquen las mismas. Así está pasando con los organismos que hacen I+D. Estamos asistiendo a una explosión en cuanto a divulgación de la ciencia se refiere. Es notoria la labor que desde algunas entidades se está realizando, y es cierto que está existiendo un apoyo público a la misma desde diferentes administraciones. Comunicar la ciencia, extender la cultura científica entre la opinión pública e incorporarla a la vida social, es un objetivo presente en todos los planes de ciencia. Desde mi punto de vista el apoyo a la divulgación de la innovación es menos evidente, lo que no deja de ser igual de necesario y un reto para muchos profesionales de la Comunicación. Como insinuaba al principio, cada vez es más notoria la incorporación de la Comunicación en la gestión de las organizaciones, y la profesionalización de la misma aun no llevando el mismo ritmo de crecimiento también ha mejorado notablemente en los últimos años. Los proveedores de conocimiento, los organismos públicos o privados que proporcionan investigación, desarrollo tecnológico e innovación, se han sumado también a esta profesionalización. Lo que no significa que no esté exenta de complicaciones, de barreras que superar. A los que estamos relacionados de alguna forma con la Comunicación y conocemos las organizaciones que realizan investigación, no nos son ajenas estas barreras existentes entre dos mundos condenados a entenderse: el de los comunicadores y el de los investigadores. Para muchos tecnólogos, entender que contar lo que hacen es parte de su trabajo es complicado. Para muchos comunicadores, asumir que sensibilizarles ante esta realidad ha de formar parte de su día a día es crucial. Empezando por el principio, es importante que entiendan que gran parte de su jornada habrán de dedicarla a comprender lo que hacen sus compañeros para poder transmitir de forma eficaz. Y aquí es donde empiezan muchos de los problemas. Una vez que hemos conseguido convencer a uno u otro equipo de investigación de que su proyecto es noticia viene el “más difícil todavía”: no ya el traducirlo al lenguaje de la calle, sino el persuadir a los compañeros investigadores de que es así como ha de contarse y no con el vocabulario especializado que acostumbran a utilizar en sus laboratorios. Ésta es sólo una de las dificultades de cualquier jornada laboral de los técnicos de Comunicación en los centros de investigación, como en todo no se puede generalizar y seguro que las buenas prácticas existentes en muchos de ellos superan estos ejemplos, siendo los resultados los que a fin de cuentas se conviertan en argumentos definitivos que demuestren que la Innovación y la Comunicación están conectados de forma inexorable. Como en todo lo mejor es acercarse a uno u otro mundo, intentar entenderse y ponerse en el otro lado. Hacer ver a uno la importancia del otro y el impacto que su actuación tendrá en el “retorno de la inversión” en forma de resultados del proyecto favorecerá la cooperación. Y desde la Dirección de las instituciones, desarrollar iniciativas de formación, organizar encuentros entre ambas parcelas, etc. han de comenzar a ser prácticas habituales que incorporar a la vida interna de las organizaciones.