Por Íñigo Segura
Director General de Fedit

El peso que las políticas de ciencia, tecnología e innovación en Europa, y en mucha mayor medida España, prestan al desarrollo tecnológico es considerablemente inferior al que le prestan las economías más competitivas del mundo. La situación es tan dramática como lo muestra la gráfica siguiente:

La situación económica que atraviesa Europa, y en mayor medida la falta de competitividad española, requieren una revisión de las prioridades políticas en materia de ciencia y tecnología en la que la inversión en materia de “Desarrollo Experimental” experimente un crecimiento sin precedentes.

La reforma que ello conllevaría se enfrenta a fuertes resistencias porque se enfrenta a intereses de diferentes grupos de presión con alta capacidad mediática y un discurso que ha calado en la sociedad tras muchos años y muchas personas difundiéndolo: la ciencia es generadora de riqueza y es de donde parten todas las ganancias competitivas de un país. Un discurso obsoleto basado en un modelo lineal hace tiempo abandonado por los países que mejores resultados económicos están obteniendo de sus políticas de ciencia y tecnología.

Dicha manipulación ha conseguido incluso ligar la palabra “excelencia” al ámbito científico negándosela al  ámbito tecnológico y de la innovación cuando muchos ejemplos avalan que la excelencia está allí donde algo es de una calidad excepcional (no sólo científica).

Sin embargo los resultados son tozudos y consistentes. Europa sigue siendo incapaz de convertir conocimiento en riqueza con la misma eficacia que otras economías del mundo. Inteligentemente, aquellos que no tienen el más mínimo interés por cambiar el estado de las cosas han sido capaces de forjar un discurso falaz y consolidar el concepto de “paradoja Europea”. De esta manera se da a entender que “paradójicamente” aquello que funciona perfectamente en todas partes del mundo aquí, por motivos que habrá que estudiar, no funciona (sin cuestionar los principios básicos de funcionamiento). Sin embargo no existe tal paradoja. Lo que ocurre es una consecuencia fácilmente explicable a partir de las políticas llevadas a cabo en Europa y en muchos de sus Estados Miembros durante las últimas décadas y su marco institucional y programático en materia de ciencia y tecnología. La gráfica mostrada anteriormente es un claro ejemplo.

En el año 2002 se firmo el Tratado de Lisboa en el cual se forjó la célebre frase que se ha colocado en el frontispicio de todas las políticas científicas y tecnológicas europeas: “convertir a Europa en la sociedad basada en el conocimiento más competitiva del mundo”. Seguro que a nadie se le escapa que subliminalmente (o explícitamente) el conocimiento al que en esa frase se hace referencia es el conocimiento científico!

Recientemente y para gran júbilo de algún gestor político español ha cuajado en Europa el mensaje de que son “ciencia e innovación” los conceptos sobre los que deben construirse las nuevas políticas científicas y tecnológicas europeas. Se consolida así lo ya conseguido en años pasados dejando ya de manera expresa la palabra tecnología, desarrollo tecnológico o experimental fuera del propósito de dichas políticas (y de esa manera a aquellos que centran en ello su actividad).

En esta situación desde FEDIT queremos dejar expresamente claro que la aparente frustración que los resultados de las políticas científicas y tecnológicas europeas han venido provocando en las últimas décadas no es paradójica ni se resuelve mediante la generación de conocimiento. Esta frustración sólo desaparecerá si los responsables de elaborar las nuevas políticas científicas y tecnológicas lo hacen atendiendo a las necesidades de nuestro continente, liberados de los diferentes intereses y grupos de presión, y lo hacen a la vista de los resultados que otros entornos más competitivos están cosechando. En definitiva, si toman las decisiones que deben tomar en base a un sentido genuinamente “europeísta” basado en políticas inclusivas y por tanto abriendo las puertas de las mismas a todos aquellos que pueden ofrecer soluciones tecnológicas originales para resolver de manera más eficiente que nadie en el mundo las necesidades que plantean o plantearán los ciudadanos.