Por: Fernando Molpecederes

Director General CEDETEL

De la misma forma que en bolsa, donde la compra-venta de las acciones de las empresas se realiza en función del valor que alcanzan el mercado, el sector de la I+D, o lo que es lo mismo, el sistema de ciencia y tecnología, puede presentar una variabilidad de su valor a la baja o al alza en función, por ejemplo, de la credibilidad que los implicados otorguemos a los indicadores que se utilizan para comentar sus resultados. Me explico: un sistema de ciencia y tecnología que utiliza indicadores como el número de artículos científicos insertados o referenciados en publicaciones internacionales de prestigio es, para la opinión del que escribe, un sistema que estará a la baja dado que no comparto la utilización de esos indicadores en la medición de sus resultados. Y es que por mucha novena posición que España haya alcanzado en las listas internacionales que recogen este dato (SCImago), y que desde las altas instancias no hacen más que reiterar, el que seamos el noveno país en publicaciones científicas no es un dato que pueda equipararnos con los sistemas de ciencia y tecnología más punteros del mundo, al contrario de lo que pretenden hacernos entender. No sólo no considero que ese indicador sea aceptable para evaluar resultados de todo un sistema en su conjunto, sino que existen otro tipo de indicadores, aunque éstos no se promulguen en los discursos políticos, que pueden derivar en otras interpretaciones. Tal y como publicaba un diario económico de tirada nacional esta misma semana mencionando fuentes oficiales como el INE “(…) a pesar del aumento de inversión pública en el sector de I+D, la dependencia exterior aumenta: las importaciones de alta tecnología han crecido un 32 por ciento desde el año 2001, mientras las exportaciones presentan un nivel inferior en un 3,3 por ciento al de hace ocho años. El gasto privado en el sector también es descendente”. Si unimos estas cifras con la progresiva disminución que en los PGE se va dedicando año tras año al capítulo de I+D, está visto que el peso de nuestro sistema de ciencia y tecnología, al que hacía alusión al inicio de este artículo va cayendo a la baja. Sin embargo, como Director General de un Centro Tecnológico y representante de un importante ámbito dentro del Sistema de Ciencia y Tecnología como es la investigación privada aplicada a las empresas e industria, puedo profundizar algo más en esta lectura y llegar a varias conclusiones. La primera es que se deben utilizar unos indicadores reales para evaluar al unísono la eficacia y eficiencia de nuestro sistema de ciencia y tecnología en su conjunto, no extender un indicador parcial que evalúa sólo una parte de este sistema al resto. La segunda es que tampoco, desde mi punto de vista, es el principal indicador el presupuesto que año tras año se dedica a I+D, si crece o se reduce. No se trata de cuánto se destine sino de cómo se llevan a cabo las inversiones, cómo se llevan a cabo las políticas y, lo más importante, la estabilidad financiera que le otorguen a esas políticas. No podemos tener ni incrementos de presupuesto en poco tiempo, como ha existido años atrás, ni recortes drásticos, como los recientes. No es una cuestión de que haya poco dinero, lo que habría que hacer son políticas que persigan una estabilidad presupuestaria en I+D. En resumen, indicadores realistas, compartidos, estabilidad en las políticas financieras y, por último, algo que desde el sector de Centros Tecnológicos venimos demandando: que exista un cambio en las políticas de financiación que otorgue mucho mayor peso a la investigación de carácter aplicado en organismos de investigación. Orientar la investigación hacia las oportunidades en el mercado, en que se rentabilicen económicamente las inversiones producidas. Romper con un sistema básica y principalmente orientado a la publicación de la ciencia, y se instauren programas públicos de financiación que evalúen sus resultados en algo más allá de su publicación en una revista científica: en sus resultados de explotación en el mercado, en la patente, en la innovación aplicada.

Para finalizar, un sistema de I+D no tendrá el peso necesario hasta que no se le relacione de forma decidida con el ámbito de la educación. Hasta que no se contribuya desde las primeras etapas del aprendizaje en la formación de los investigadores, el ámbito educativo escolar primero, universitario después, y se fomente el emprendedurismo, el riesgo y la independencia no terminaremos nunca de otorgar al  sistema el peso que se merece y que, como en bolsa, pueda llegar a cotizar por fin al alza de forma permanente.