Por: José Mª Guijarro y Jorge

Subdirector del Instituto Tecnológico de Óptica, Color e Imagen (AIDO)
Doctor en Economía

JMGJHace apenas unos años, la innovación era una actividad aislada de la estrategia empresarial. En la actualidad, sin embargo, no cesa de crecer el número de empresas sensibilizadas con la innovación, conscientes de la necesidad de traducir ideas en nuevos lanzamientos. Ahora, se establecen procesos ordenados para gestionar y fijar objetivos, tareas, personas y responsabilidades en cada una de las etapas del proceso innovador, desde la detección de una oportunidad hasta la llegada de un nuevo producto al mercado. Innovar es una necesidad –así lo entiende la mayoría de las empresas–, pero la gran cuestión para muchas de ellas es cómo se pueden implantar procesos verdaderamente eficaces que permitan ganar en competitividad, ligados a los objetivos que marca la estrategia.

El futuro exige que la innovación se convierta en un amplio compromiso de todas los que forman parte de la empresa, una realidad que empape todas las actividades y ofrezca respuestas a las necesidades y retos del mercado. Es necesario, por lo tanto, crear un sistema que genere innovación de forma sistemática para afrontar los cambios en el entorno.

Las Administraciones tienen como reto ayudar a las empresas a hacer frente a los procesos de crecimiento basados en estrategias de innovación y a salvar las resistencias a los cambios que humanamente son comprensibles, pero que hay que a abordar de una manera decidida.

Re-imagina es el concepto creado por Tom Peters para superar la volatilidad del mercado. El contexto actual es fruto de cambios continuos por lo que para analizar el éxito de un negocio emergente basta con sólo unos meses cuando antes era necesaria una perspectiva de al menos tres años. Esta realidad también se refleja en la asiduidad con la que las empresas deben redireccionar su estrategia, ahora cada dos semanas cuando antes era anualmente.

Peters asegura que, precisamente, cuando estamos inmersos en la incertidumbre y aún así uno se arriesga, tal vez pueda equivocarse. De esta manera,  todo se vuelve incierto e impredecible, por lo que paradójicamente el secreto para alcanzar el éxito es el propio fracaso.

Bien es sabido que sólo los que se arriesgan tienen más probabilidades de tener éxito que los que no lo hacen.

Teniendo en cuenta un mercado en el que todo parece inestable -o según sus propias palabras desordenado- es inevitable reacoplarse constantemente. Además, advierte que los parámetros para tomar las decisiones no se encuentran entre las páginas de los libros de management, sino que  hay que buscar entre los del género de ciencia ficción. En ese sentido, propone deleitarse con el caos, pues todo desorden esconde un mensaje.

Entre los principales enemigos que respalda su teoría se encuentra la burocracia, ya que para poder innovar es fundamental disponer de una estructura flexible. Por eso, hay que cambiar la mentalidad inmersa bajo las pesadas anclas de la burocracia y dejar paso a experimentar con ideas creativas que suelen estar sustentadas en una corazonada.

Para Peters “nos encontramos en la edad de la astucia, la rapidez y la sorpresa” y frente a esto, su consejo es: Re-imaginar.

José Mª Guijarro y Jorge
Subdirector del Instituto Tecnológico de Óptica, Color e Imagen (AIDO)
Doctor en Economía